la modernidad brillante: una innovación sin munición.

Terminaré con este tercero, las reflexiones últimas (indicios y disonancias) sobre la Innovación Social y Ciudadana. Y lo haré con la confusión que me viene aumentando desde que los impulsos socialdemócratas de las instituciones (de gobierno y académicas) van migrando sin reparos hacia un socioliberalismo claro. Una migración  con dos ingredientes de lujo para no poner en peligro el status:  el pragmatismo político como fórmula operativa (la engañosa gobernanza, pero de eso ya hablaremos) y el compromiso parcial (entretenimientos de ciertas élites con conciencia social) especialista en poner parches sin molestar/molestarse demasiado. La ISC más bien se parece a esos juegos de rol donde todo es aparente y cada uno tiene que interpretar un papel. Un trampantojo muy sutil impulsado desde los espacios institucionales para ennoblecer esa democracia liberal que ya gobierna. En todo caso, la innovación social desde el ámbito público se parece cada vez más a un espectáculo en el que se compite para ver quién es más avanzado, quién alcanza un lugar más destacado en esa batalla de las ciudades marca, quién logra más prestigio personal, de institución, de proyecto… en definitiva un juego de competencia muy parecido al capitalista.

¿Se trata de una ISC forzada? Si deseas pertenecer a este mundo de prestigio, sí, sin duda. Aunque el discurso quede en una exaltación de lo obvio con pretensiones de revolución (muy en la línea de esa “revolución de las pequeñas cosas”que reclama un poderoso banco). Algo que nos vamos contando periódicamente mientras vamos construyendo siempre desde el principio. La eterna ilusión de inventar la rueda. Las mismas preguntas a las mismas gentes. Las mismas respuestas a las mismas gentes. La participación circular en una modernidad brillante, esa que toma toda su fuerza en lo aparente, en el postureo, en el discurso deslumbrante, en el hueco, en el “como si”.

Una modernidad brillante que agrupa a ese colectivo de privilegio intelectual, técnico y académico que celebran siempre juntos cada uno de los ritos. Me temo que todo esto sirve en realidad para perpetuar las diferencias, para consolidar espacios de privilegio. Algo que potencia y protege a un círculo muy concreto que lo sabe rentabilizar a la perfección (son especialistas, a ello se dedican). La modernidad brillante se desarrolla en burbujas en las que prosperan las ideas afines sin demasiada conexión con la calle, con la realidad de un resto que no comprende lo que en estos laboratorios se cuece.

La ISC tambien ha caido en el territorio de las profecías y eso enriquece egos. Pero ¿quién decide lo que es innovación? ¿Quién dirige y orienta esas “predicciones”? Tanta similitud resulta curiosa. Tanta homogeneidad sobre cómo debe ser la cosa… sobre las tendencias, sobre lo que nos conviene… Todas las instancias públicas “invirtiendo” en ISC. ¿Cuándo llega su devaluación? No me digan que va a ser una sorpresa: con la saturación. La hipertrofia de la ISC. La modernidad brillante, como buen hija de la doctrina capitalista, exige de una rotación sin freno. En éste mundo de la ISC también se producen y reproducen proyectos, actividades, encuentros… sin fin que, aunque parezca una contradicción, disminuyen por completo esa potencia transformadora. La anulación por intoxicación. Pero, de momento la ISC es un complemento básico que viene muy bien tanto para tenerlo de reserva en el ropero de los discursos como para llevarlo puesto.

Asusta que esa profusión nos pueda llevar a una superficialidad y a una banalidad paralizantes. Cuando la retórica de la ISC se multiplica a tal escala, cuando resulta cómoda,  surge la sospecha de “lo correcto”. Cuando la ISC también es un espacio de consumo se convierte en una mercancía susceptible de ser privada. Aunque las formas y las palabras lleguen a convencer, las esferas pueden convertirse en espacio vacíos. La ISC empaquetada por expertos para la distribución y el consumo interno. Quizá porque esa izquierda que puede abordar estos menesteres se ha convertido en una “izquierda funcional” que tiene sus bases en organismos internacionales e instituciones públicas fundamentalmente. Desde allí es desde donde se fomentan estos espacios, desde donde se generan estos discursos. Pero esta “izquierda funcional” también se mueve dentro de normas básicas de corrección porque no es total su autonomía, su seguridad, su continuidad. La izquierda funcional institucionalizada tiene que rendir cuentas y rentabilizar puestos. Y eso no cuadra muy bien con las necesidades de ruptura.

Y lo peor es que cuando se trabaja sobre estos escenarios de lo homogéneo se  alcanza una grave pobreza de planteamientos: otra de lo mismo con ligeros matices, pocas sorpresas. Es una innovación sin munición, algo que la lleva a la descomposición de su sentido profundo ya que a la larga ella misma se aísla en ese entorno de iniciados. ¿A quién sirve la ISC? ¿Para quién sirve la ISC? ¿Hasta dónde llega? El asombro es mayúsculo cuando desde estas burbujas de éxito se descubre que lo que lo que allí se predica no concuerda con lo que sucede  en la calle. Un ejemplo: la deriva hacia la derecha fascista y extrema de una masa de población desfavorecida, ¿cómo puede suceder ésto? ¿cómo pueden acercarse a una corriente ideológica que va contra ellos mismos? en definitiva… ¿cómo pueden ser tan ignorantes? ¿Cómo es que no nos hacen caso? Mientras hablamos de ISC y creemos abrir puentes, la distancia entre esta intelectualidad de laboratorio y las realidades sociales es más grande. Sencillamente porque las desigualdades múltiples que produce el neoliberalismo y sus democracias liberales (también sus izquierdas liberales, no lo olvidemos) son cada vez más graves. El círculo se reduce al modelo BBVA (burgués, blanco, varón, adulto) , la clase media, educada y con solvencia económica es la que accede a estos círculos de innovación tan resplandecientes. ¿Puede ser la ISC otro espacio aislado para minorías? ¿Una comunidad cerrada que refuerza las desigualdades? Una comunidad de afines trabajando sobre supuestos y discursos que difícilmente alcanzan a la creciente población desfavorecida.

Al final me quedo con la sensación de encontrarme en un entorno muy limitado. Como tantos otros que se construyen desde esta modernidad brillante que emerge desde la mezcla entre el capitalismo de mercado y el capitalismo social. Un entorno en el que predomina una clase más o menos acomodada en el terreno económico, destacada en el académico y muy basculada en el racial. Muy de clase, con escasa porosidad y con demasiadas dosis de aquiescencia. ¿Qué hay de revolucionario en todos esos procesos? Quizá consista todo esto en una simple reorganización. Algo que debe hacerse de vez en cuando para asegurar que todo funcione, revisar ciertos procesos para garantizar la paz social. Garantizar espacios simbólicos en los que se sigan administrando esas cuotas de poder que El Poder generosamente concede (Qué espantoso término el de generosidad cuando proviene de las alturas)

Quizá esta ISC que contemplamos no es sino la búsqueda de una adaptación antes que de una ruptura, un movimiento profiláctico y conservador. Eso es lo reprochable. O como dice Alba Rico: “…muy a menudo la propia izquierda, o una parte de ella, ha concebido su proyecto en los mismos raíles que el capitalismo.” Quizá la ISC no consista en estar en ese “dentro” que le señalan, que no consienta en jugar con las cartas marcadas, que no se deje involucrar en un juego de normas fijas, sino que se atreva con otras configuraciones, en otros tableros. Quizá la ISC esté construyendo un insititucionalismo algo distinto pero insititucionalismo al fin, y otra vez lleno de especialistas. Una innovación al fin que no se enfrenta al sistema, que no crea conflicto sino que lo acomoda en un discurso de modernidad sin contradicciones. Un discurso recubierto de una capa de compromiso, de creatividad sin límites, de esencia rompedora… todo muy acorde con ese nuevo socioliberalismo que lo barniza todo para que pueda venderse mejor. El propio capitalismo desde todas sus atalayas es quien se encarga de reforzar estos esquemas (colaboración, emprendimiento, innovación, creatividad) para conseguir una continuidad tranquila.

Alain Brossat en su libro “El gran hartazgo cultural” nos dice: “El arte contemporáneo, en sus formas dominantes, mayoritarias, no es la instancia crítica o subversiva que juzga y de-construye las formas actuales del orden, más bien se trata del explorador y el experimentador de las nuevas formas de actuar del capitalismo líquido”. No puedo dejar de establecer una analogía con muchas de las iniciativas de ISC: parecen, se nombran, se atribuyen a si mismas un carácter revolucionario  y sin embargo se reducen a la administración del neoliberalismo.

El innovacionismo, el laboratorialismo, entrañan no pocos peligros que giran en torno a cuatro amenazas: la de provocar una “innovación autista” a través de la ausencia de porosidad, la de fomentar una “innovación dominante” a partir del aislamiento de clase, la de convertirse en una “innovación condescendiente” favoreciendo la energía capitalista, la de quedarse en una “innovación envoltorio” incapaz de canalizar el desorden y la ruptura. No puede haber innovación ni creatividad si no es para destruir los mecanismos que atan, para destruir el entorno depredador. Permítanme que proponga para estos laboratorios tres líneas de trabajo básicas: porosidad, munición subversiva y desobediencia intelectual.

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