los excluidos

Las políticas neoliberales abarcan mucho más de lo que parece. La política neoliberal la confirman discursos que aparentemente nacen de la emancipación. Convierten a los descreídos y alejan falsos dioses. Exportan el dogma desde instancias que no levantan sospecha porque fomentan la ilusión.

Pocos análisis críticos sobre los modelos, sobre las influencias del capitalismo reciente. La fe no se toca. Muy poca reflexión sobre la verdadera incidencia de esta estrategia emprendedora. No voy a abundar en datos pero bien es sabido que el 80% de los casos termina en abandono. Claro que, como ya he dicho, esto no contabiliza como despido y directamente la responsabilidad absoluta recae sobre el individuo que emprende. Todo muy bien concebido. Todo muy en la linea de la nueva catequesis y de los monoteísmos. Fe ciega, sacrificio y entrega. Y la culpa y el pecado, cómo no. El filón de los predicadores y los grupos de terapia, esos nuevos ejercicios espirituales. El fracaso y el pecado como estrategia y regeneración.

Pero el trabajo debe pensarse desde una visión más antropológica, más humana. Que busque mecanismos de corrección ante la estrategia depredadora y de sometimiento. Nada ha sido menos liberador que el empleo y el trabajo es otra cosa.  ¿Deben las administraciones públicas reforzar este discurso? Pues no sé muy bien. Desde luego aquellas afines a las ideologías capitalistas están en su medio. En el caso que su ideología no case del todo con ese modelo quizá habilitar espacios de reflexión sería lo más adecuado. Si la misión de los gobiernos locales es velar por lo común hay algo que no cuadra mucho. La complicidad con lo establecido es lo que marca la política municipal. La dificultad de la congruencia es patente

El pensamiento del trabajo sigue estando dominado por las ideas que han fomentado la explotación y la autoexplotación agradecidas: alimenta el discurso de la dedicación plena y te hace sentir mal si no comulgas con la ortodoxia. No se trata de anular  a quienes desean ese camino, esa forma de vida. Se trata de verificar hasta cuánto da de si y reflexionar sobre la ética de jugar con las necesidades. Sobre cuánto emprendimiento cabe en un modelo como el nuestro. Se trata de no sacralizar y de explorar otras vías.

Reimaginar el trabajo no pasa por el culto exclusivo al emprendimiento. Ni siquiera de ese emprendimiento colaborativo cuando, al final, tiene que pasar por las mismas reglas de mercado que el resto. La reestructuración de las sociedades y el futuro de las ciudades no puede pasar exclusivamente por la reactivación económica, sobre todo porque esa reactivación se fundamenta sobre los mismos modelos que la han hundido. La causa y la solución conviven mientras parece imposible poner la vista en otros modelos. En ocasiones parece que el dogma del emprendimiento no hace sino reforzar y consolidar ese escenario de precariedad e indefensión que reclama el capitalismo financiero. Gran parte de ese mundo de los emprendedores no deja de ser el de los doblemente excluidos: del entorno de la clase trabajadora y del entorno de la clase capitalista.

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