pensar en abstracto / añadir dimensiones / valorar la sístémica

Notas para la mesa “Las industrias creativas y culturales cómo motor económico”. Getxo. Jornadas de promoción económica en ciudades de servicios. Marzo 2015.

  • Cultura > > > conocimiento / gozo / hábito / ética
  • Yo no creo ni en dogmas ni en sacrificios. El dogma de la economías de la cultura fundamentadas en la producción/consumo como factor de desarrollo, ni el sacrificio del esto es lo que hay, algo que me parece una de las posturas más reaccionarias que existen. Es necesario cuestionar lo que parece incuestionable, dudar de lo que parece tan sólido.
  • Permítanme que recuerde la definición que la Unesco dio allá por el 2009 sobre economía creativa: “Aquellos sectores de actividad organizada que tienen como objeto principal la producción o la reproducción, la promoción, la difusión y/o la comercialización de bienes, servicios y actividades de contenido cultural, artístico o patrimonial”. Bien, y luego el DCMS el departamento para la cultura medios y deporte de Reino Unido dice: “Las industrias creativas son aquellas basadas en la creatividad individual, las habilidades y el talento” > hay diferencia con un* panader*? Por qué pues esta obsesión.
  • No es la innovación, la creatividad y la tecnología un común a lo largo de la historia y sobre lo que siempre ha evolucionado la humanidad? No es creativa toda acción que pretenda modificar de algún modo lo preexistente? Valorar la holística.
  • La cultura va más allá y supone la forma de ser de las sociedades. La cultura es un sistema complejo y la reducimos de modo simple a sus formas mercantiles.  Función y significado los reducimos a un utilitarismo extremo que adornamos con florituras sociales.
  • La cultura ha perdido su fuerza subversiva y transgresora cuando se ha unido al mercado (se produce lo que puede venderse). La cultura es la que señala el modelo de economía que a su vez modela el entramado cultural que lo sostiene. En estos momentos, lo queramos o no, el mayor generador de cultura es el modelo neoliberal (pero de eso no se habla) de creación de sociedades y éticas.  La economía como religión monoteísta.
  • El capital es el que está generando la cultura que le interesa para su crecimiento ilimitado. Es él quien genera los discursos de desarrollo según sus propias interpretaciones.
  • La diferencia entre distribuir productos y favorecer la creación. Donde están estos viveros para la creación comunitaria, colaborativa, inclusiva?
  • La manera de verlo todo desde las tres dimensiones capitalistas: el mercado, la jerarquía,  la excelencia. Una visión multidimensional al estilo de la física cuántica seria más que deseable.
  • La rigidez del formato limita la atención a la cultura >> economía de mercado/políticas públicas >> producción, distribución, rentabilización (también la rentabilización política)
  • Lo triste es que fundamentamos la cultura en torno al un utilitarismo economicista de producción/consumo dejando atrás cualquier otro valor si no es para justificar lo anterior o complementarlo sin convicción.
  • Por qué no hablamos de la magia de lo inútil.
  • Igual estamos fomentando otra burbuja, al menos conceptual porque ya ha perdido su relación con el ladrillo
  • Nos contamos siempre lo mismo,  a los mismos y en los mismos rituales ¿cuándo seducir a la ciudadanía? hace tiempo que digo que estos encuentros sirven como catarsis colectiva pero sin influencia real. Bien sabemos que todo rito es una puesta en escena que controla el riesgo de cambio, para mantener lo establecido, para defender el orden. Antropología pura.
  • El discurso dominante no deja de transmitir que la cultura es la que debe doblegarse a la lógica del capital,  de un determinado capital por cierto (porque hay otros tipos de economía que parecen no interesar, otros economistas que parece no se leen), aunque ahora se habla de responsabilidad social,  cooperativismo cultural, colaboración. .. me temo que como cuestión cosmética desde ciertos estamentos.
  • El discurso de la cultura como motor de desarrollo suena demasiadas veces a vacío, impostado y conservador, desfigurado y neutralizado por le necesidad de empleo.  Y no voy al hablar del pib porque, con todo lo que es que es y mucho, no deja de tener unas connotaciones de despiste bastante elevadas.
  • Facultamos la cultura fósil frente a la renovable. La cultura sedentaria frente a la nómada. La cultura Hard frente a la trans.
  • La cultura solo puede sostenerse a partir de un proceso colaborativo que incorpore nuevas sensibilidades económicas,  nuevas lecturas.
  • La cultura tomada desde las lógicas del mercado no representa sino un proceso fabril más y sujeto a las exigencias de la rentabilidad.
  • La economía creativa supone la referencia a  una ciudadanía espontánea y nunca a la concepción de ciudades escaparate y marca sujetas a la dominación de la fachada de un parque temático al servicio de intereses financieros.
  • Los límites de la cultura parecen ser hoy los límites del mercado, de un tipo concreto de mercado. Y cuando digo de la cultura digo de la sociedad porque no puede haber una lectura más completa de la cultura que la cultura antropológica.
  • La lógica capitalista no puede tener otra intención que no sea la del beneficio extractivo. ¿ Qué es lo que le interesa pues de la cultura? ¿Lo que corresponde a parámetros de excelencia fundamentados sobre  los criterios del mercado? Las fresas que se exportan e importan son las de forma más perfecta, no las más sabrosas. Eso evidentemente crea un modelo y genera un comportamiento selectivo que solo busca aquello que se ha marcado como tal. El resto puede hundirse aunque tenga mejores cualidades de todo tipo. La cultura puede caer en el mismo complejo de fresa perfecta.
  • La uniformización de los productos culturales es lo que verdaderamente funciona dentro del mercado. ¿Eso es lo que se quiere para las economías creativas en el entorno local?
  • La cultura desde el paradigma producción/consumo no solo tiene los evidentes límites del la hiperrotación (obsolescencia) sino que en un plano de consumo básico se enfrentan también con de la acumulación (cuanto puede comprar/adquirir un individuo familia).  Todo se convierte en material desechable. La cultura también.
  • Nada se puede alcanzar sin un pensamiento abstracto, móvil,  mutante y múltiple. Abrazar la cultura desde la óptica mercantil la limita a procesos utilitarios reduciendo al mínimo el resto de sus capacidades.
  • La cultura es fundamentalmente un territorio de pensamiento en el que el ser humano se construye y garantiza un hábitat emocional e intelectual apto para el armazón de colectividad, de espacios simbólicos.  En este ambiente no puede ni debe limitarse a lo económicamente posible.
  • Asistimos a la omnimercantilización de la sociedad (Serge Latouche)
  • La metafeudalización de las sociedades supone que los estados y sus representantes son los nuevos vasallos que cumplen las órdenes del señor. El siervo siempre es el mismo. La novedad la suponen las urnas con la representación de un teatro democrático que cumple cada X años la función de ritual conmovedor, purificador y tranquilizador de conciencias.  Una ceremonia codificada que por supuesto sirve para el fortalecimiento del vasallaje.
  • El emprendimiento y su discurso magnificador no es sino parte de esos rituales que tratan de reforzar los vínculos entre las partes necesarias de un engranaje extractivo. El refuerzo del individualismo es más que necesario, la descomposición de los entramados comunitarios.  Me pregunto si la economía social no es sino una especie de apósito obligado a mantener las mismas estrategias de competitividad para poder llevarse parte del pastel. Pueden ser nada más que una especie de “mercado naïf”.
  • El emprendimiento se ha elevado a rango de norma y la cultura ha sido arrastrada.
  • El mercado marca el sentido único de la cultura. Y lo que hace es planificar una distribución de los productos en función de sus lógicas  de modo que la distribución produzca rentabilidad,  la producción abarate costes y las necesidades del consumidor estén perfectamente estandarizadas > la uniformización de las sociedades a través de la cultura. Qué gran paradoja!!!
  • Siento que todos los discursos en torno a la cultura giran en torno a la pasión consumista,  a la pulsión acumulativa. En cualquier caso hasta la mejor intencionada de las acciones se referencia por la necesidad de arropamiento economicista. La colonización del imaginario.
  • La economía logró convertirse en un conjunto de creencias que formula y construye el imaginario de las sociedades. No sé si esa es la única cultura que verdaderamente sobrevive y el resto se va a reducir definitivamente a festejos varios.
  • No podemos permitir que los límites de la cultura sean los límites de la economía.  Todos los residuos generados por la producción fundamentada sobre los criterios de explotación máxima son irreversibles,  como dice Nicolás Georgescu-Roegen, la ciencia económica ignora la entropía,  es decir no tiene en cuenta la irreversibilidad de sus acciones. La cultura se modifica y modifica el resultado de las sociedades.  Es acertado resaltar su carácter creativo e innovador sin definir qué tipo de creatividad e innovación? Entramos en el mito.
  • No sé si lo que hacemos es pensar continuamente desde el mismo paradigma que nos ha llevado al colapso. Si lo que hacemos es una huida hacia adelante sin modificar las bases del pensamiento. Y metemos a la cultura en esa bolsa sin revisar los fundamentos. Es una especie de estafa intelectual.
  • El análisis de la cultura está fundamentado así en aquellas teorías del crecimiento infinito. Es una esquizofrenia que nos hace reforzar lo que conocemos que no sirve. Lo que está demostrado que nos ha llevado al colapso. La sobreexplotación de eso que llaman cultura es la que conducirá  a su extinción incluso como concepto y se diluirá en el magma de cualquier otro producto de consumo. Será aniquilado definitivamente el gen que la hacía peligrosa y, como dije ya hace muchos años, se habrá logrado una transición eficaz.
  • La economía de mercado, la economía capitalista actúa como un extraordinario pesticida que impide la salida de mala hierba y garantiza grandes cosechas. Además, a la par, estos mismos pesticidas limitan la diversidad genética,  la diversidad cultural. ¿Cuántas lenguas, por poner un ejemplo, mueren? Por otra parte la diversidad cultural se limita a ser observada y expuesta en reservas a modo de festivales varios. Como decía arriba, los límites de la cultura.
  • La idea de nomadismo no se refiere únicamente a los aspectos físicos, logísticos… El nomadismo lo entendemos también en el terreno intelectual, de pensamiento, de investigación emocional. La búsqueda de la óptica múltiple,  fractal, no terminada… Y sobre todo con la intención de no atascarnos en dogmas, en mantras. La cultura fósil,  sedentaria frente a la cultura renovable, nómada.
  • Los límites de la cultura están en los límites de nuestro conocimiento (por hacer una analogía con el principio de Wittgenstein). En este momento parece ser que estos límites se encuentran en los que nos señala la economía como referencia absoluta y el emprendimiento como máxima de desarrollo. Por supuesto el emprendedor es el nuevo héroe como si no fuera un trabajador más. Eso sí tocado por la mano de algún dios extraño. Estos son los ojos que interpretan la realidad, lo cotidiano, la óptica que señala el camino.
  • ¿Se le priva a la cultura de cualquier atributo que no sea de alguna utilidad para el mercado? Estamos en un paisaje cada vez más homogéneo,  más organizado, más mecanizado. Y cuando queremos plantear otros asuntos no sabemos salir de ese círculo de razonamiento. Paseamos por el mismo paisaje.
  • No sé si estamos con todo este escenario de multiemprendimientos en cultura abandonando el territorio del bien común y desarrollando procesos individualistas.  Porque, en definitiva, el fundamento de una empresa capitalista es el beneficio. Si no existe, no existe la empresa. Incluso en aquellas que trabajan en lo que ahora se llama economía social. También compiten por un nicho de mercado. Lo perverso es el modelo.
  • ¿Cuántas empresas culturales pueden sobrevivir con este modelo de producción consumo?
  • La economía se vuelve religión en el momento en el que trata de trazar una moral universal en torno a su credo y todo puede destruirse o crearse según los designios de su divinidad. Lo que permanece fuera no tiene cabida ni siquiera en les escenarios de la elucubración y la racionalización. Ni siquiera se discute porque topamos con el anatema y la herejía.
  • Al centrar la cultura en el consumidor ocurren dos cosas en paralelo: el ciudadano pierde su estatus de sujeto autónomo (ese que nos señala la filosofía) y genera comportamientos de apropiación y acumulación. Y dos, la cultura dirige sus pasos hacia una estrategia de venta que impone las lógicas de la rotación,  la obsolescencia y el beneficio. Así se vuelve ineficaz en otros ámbitos “inútiles”
  • Reconstruir la cultura en común. Decrecer en expertos y lobbies. Favorecer la creación si rentabilidad.  Abonar las culturas tímidas. Abrazar lo que no cotiza en bolsa.
  • Centros de producción cultural colaborativa. Se convierte la ciudad en un centro de creación de culturas comunitarias con intención expansiva. Cultura lab.
  • La materia prima de la cultura puede decirse que es la imaginación. Se afirma que esta es inagotable. Puede. Pero no por inagotable es valiosa o apta. La imaginación se deforma cuando se circunscribe a los limites de cualquier ortodoxia, se limita al seguir tras sus balizas, tras sus exigencias,  bajos sus dogmas. La imaginación circular.

de la cultura distributiva a la conectiva

Siguiendo la estela de la economía dominante, la cultura ha ido confirmándose como un apéndice más de sus dogmas y ha trabajado desde una linea reproductiva muy alineada con la lógica capitalista. Hablo de la cultura oficial, esa que se ha ido ordenando y despachando desde los Gobiernos locales. Parece que, como en cualquier proceso extractivo, ha dominado la lógica distributiva. Una lógica que, además, venía consolidada desde dos supuestos: uno, el que los convierte en expendedores y patrocinadores de productos aptos para el consumo; otro, el que los convirtió en salvadores de las ciudades transformándolas en parques temáticos. Se abrazó la excelencia y la marca. De forma paralela se hablaba de sostenibilidad (siempre he creído que se trataba de un mantra más) y desarrollo. En todo caso, es lo que he observado durante muchos años de profesión, siempre desde posturas demasiado conservadoras. En fin, no es que ya no valgan estos principios, estas fórmulas, es que no han valido nunca! La cultura distribuida ha  matado la cultura.

Y ahora, al calor de la escasez, la participación pareciera que revive, que se trata de recuperar como panacea, se convierte en  recurrente, forma parte de ese catálogo de términos fetiche. No sé si se trata una vez más de una especie de asistencialismo cultural.La institución, que no ha perdido todavía ese fondo arrogante, es la que guía. Temo que nos hundamos en una participación asistida.

¿Podemos ir más allá? La participación patrocinada no va reequilibrar los procesos. Va a seguir estando atada a sus dueños, a sus tutores. Por eso la lógica de la participación debe ser superada y ampliada por las lógicas de confluencia. Lógicas que superan la obsesión por la contabilidad y la actividad y que centran su energía en provocar situaciones. De la acción a la situación. De los espacios participativos a los espacios conectivos.

Unos espacios que deben ser tomados como generadores de sensibilidad creativa. Algo que supera con mucho la pasión consumidora y distribuidora a la que estamos acostumbrados. Algo que impulsa la inteligencia colectiva y generan valor desde la proximidad. Los espacios que fomentan la incitación intelectual para la consolidación de comunidades transformadoras.

imaginarios de contragestión

Si todavía creen ustedes que vamos asalir de esta, no sigan leyendo. Tampoco sé por qué deben avanzar en la lectura si creen que no vamos a salir pero que podremos sobrellevarlo si nos adaptamos a “lo que hay” o, como colmo de fantasía, que podremos recuperar algo de lo que hubo intentando retomar viejos caminos (hay discursos que parecen agradecer a esta gran estafa la posibilidad que nos da para reinventarnos). En realidad no sé ni si se debe leer algo si no se está dispuesto a abandonar.

Después de todo parece que vamos a seguir buscando el cómo dentro de los modelos que ya conocemos, dentro del más de lo mismo, de una especie de remiendos con las fórmulas que no han funcionado, algo así como disfrazar los errores a ver si así algo se arregla. Una rueda sin fin. Todo tremendamente conservador. Todo tremendamente conocido y trillado, repetido, eterno, incansable, estéril… Quizá fruto de una mezcla de incapacidades, miedos, egocentrismos, servidumbres, desconocimiento… Quizá por ese apropiacionismo institucional, quizá por ese dejacionismo ciudadano. Quizá por un enfrentamiento absurdo en un mundo que de ningún modo es excluyente. Sorprende observar cómo desde ambos ámbitos, el institucional y el ciudadano (vamos a decirlo así) el frentismo se afana por subestimar al otro. Sorprende la actitud con la que la institución pretende administrar (sí, digo administrar en todo su sentido) la cultura, y sorprende la actitud, desde la bandera de lo común (qué paradoja), con que bombardean cualquier iniciativa que provenga de lo público. Quizá ambos pretendan la propiedad de la cultura, otra gran paradoja. Ensimismados y atrincherados, esa parece ser la tónica. Quizá se confunde lo público con lo común. Quizá lo público no haya sido sino una privatización de lo común. Quizá el asociacionismo haya derivado también la misma necesidad apropiadora. Quizá el gen propietario haya evolucionado en demasiados entornos.

Por eso no sé si quiero escuchar más. Porque no salimos de ese bucle. Porque cualquier modelo de gestión no hace sino colocar a la cultura en alguno de los dos papeles: de consumo o producción. ¿Qué es si no el discurso de la economía creativa, del emprendimiento cultural? Una lógica de mercantilización infinita. O de elitismo prepotente (“Una ciudad sin museo no tiene verdadero prestigio” dice hoy mismo De Montebello). Cualquier modelo de gestión en esta linea se plantea como un objetivo. Cualquier tipo de gestión (llámenla como quieran, incluso la comunitaria si me apuran) debe distribuir carteles, llenar folletos, saturar actividades, salir en los papeles… no soporta la penumbra. Se abandona el proceso. Se abandona la atmósfera. Se suprimen los espacios de socialización, los territorios emocionales. Las capacidades de transformación.

Caminar de la estética a la ética. Y avanzar en una deriva experimental que abandone las estadísticas. Que circule de la acción a la situación. Un código abierto verdaderamente transformable que no juegue a la hipertrofia extractiva y que confluya en prácticas de transformación. Una acción que vaya más allá de la política facilitadora, eso que parece ser se inventa ahora al calor de la necesidad de confluencia. O, en cualquier caso, no se trata de facilitar la producción para la redistribución, sino de provocar una construcción social que produzca comunidad, ese aspecto de la cultura que no se aborda porque no se monetiza. Porque se sale de la economía capitalista. Creo que ha hecho mucho daño el concepto de la cultura como recurso, disculpen, porque se ha abandonado el concepto de bien común. Y tampoco hablo de la cultura como derecho. ¿Tengo derecho a respirar?

No me importa nada ya la gestión de la cultura. Hace ya tiempo me preguntaba sobre la “gestión de los gestores”. Ahora ya no me importa porque cada vez tengo más claro que no sirve de nada si no existe una correspondencia directa con la mejora de las sociedades. Y no me importa porque no se reflexiona sobre los modos de fortalecer el pensamiento y la conciencia crítica sino de ofrecer una excusa más para sustituir una burbuja por otra. Porque no se trata de proporcionar canales para desarrollar el progreso ético de las sociedades sino de canalizar los discursos desarrollistas de la ciudad en la misma línea, y parece que única, que marca la lógica dominante. La que concibe a la ciudadanía como súbditos o consumidores. Y a la contra, autoridades o productores. Porque ese es el fondo de la economía creativa, no nos engañemos, el que fortalece el discurso a través de la impecable cantinela de motor de desarrollo. Ese es el fondo de la cultura. Y todo encaja, claro, en un modelo en el que la supervivencia diaria está en juego.

La gestión debe liberarse de la esclavitud de lo inmediato y abundar en la construcción de lenguajes, en la construcción de situaciones, como decía más arriba. La gestión patrocinada, y me da lo mismo por quién o quienes, no es compatible con la perspectiva que necesita la cultura. Siempre actúa detrás de una barrera, siempre concibe dueños y amos. Siempre intenta sustituir a unos por otros sin abordar un cambio profundo.

Los imaginarios de contragestión: de la acción a la situación. Los imaginarios tácticos: de la administración a la provocación.