cultura trans/nómada vs. cultura sedentaria

Creo que estoy cansado de muchas cosas.Será el tiempo. No sé. También se me van disipando las certezas. Ysi ya no tengo prisa es que empiezo a estar de paso. Que no quiero quedarme demasiado tiempo en ningún lugar del pensamiento porque todo se va abreviando. Por eso me cansa la letanía de la cultura generadora de igualdad, de libertad, de compromiso, de desarrollo… Me aburre ese discurso que no transita ni profundiza, repetido, desvinculado, automático.

Hagamos un ejercicio: divida una pizarra en dos columnas. Ponga en una de ellas todas esas cosas que dice usted que la cultura alcanza, mejora… Ponga en otra columna las actividades que su municipio programa. Una con una linea cada una de esas virtudes que la cultura multiplica con las actividades indicadas. El método y la práctica industrial (con su estrategia comercial) que todavía impera en la mayor parte de las programaciones abocan a la obsesión por el producto. Y esa obsesión confunde (a propios y extraños, pregunten por la calle qué es cultura y siempre se relaciona con el libro, el cine, el arte… Sus productos en definitiva; pregunten por la salud y nadie la relacionará únicamente con los fármacos). Producción y distribución. Esa es la cultura sedentaria. La que permanece inmóvil en discurso y modelos. Difícilmente podemos casar la rentabilidad con la utopía.

Lo contrario es aquella cultura que no está anclada, que no necesita espacios cerrados, que no necesita tiempos herméticos, que no reproduce patrones, que no busca contextos… Una cultura que se contamina, que intuye, que se socializa, que transita por lo desconocido, que asume riesgos, que habita el conocimiento, que navega, que motiva, que fracasa, que experimenta, que conecta, que es invisible, quizá sobre todo esto, que es invisible, que quiere ser invisible y no se deja cuantificar ni retratar … Una cultura que se desarrolla más allá de la oferta y que hace confluir para generar modelos sociales distribuidos e híbridos, que abraza los procesos, la horizontalidad autónoma. Que abandona la programación para habitar en el intercambio.

La cultura trans/nómada obliga a replantearse los espacios, los físicos y los mentales. Los cimientos sobre los que la hemos anclado más que construido. Hay que revisar y posiblemente abandonar, huir del sistema, rescatarla, liberarla de esa estructura mental fósil que la cuantifica en la multiplicación hasta el infinito de la oferta. Una multiplicación que no edifica sino que facilita la segmentación para el consumo. Siempre rápido. La modelización del fast food y su aplicación al producto cultural. Las vanidades contables.

La cultura, si es que algún día nos ponemos de acuerdo en lo que queremos decir con ello, no se ve representada hoy por hoy en las instituciones (ojo, no hablo sólo de las públicas) porque la han abocado al sedentarismo físico y mental con todas sus patologías. Y porque la interpretación de las nuevas formas de socialización no entiende las viejas maneras de programar, de dentro a fuera, de los especialistas a los legos… La complejidad no puede encerrarse ni en instituciones ni en conceptos. La complejidad piensa en abstracto y la cultura trans/nómada es holística.

Ya no vale, no sirve sedentarizar la cultura, no vale la cultura vigilada. El horizonte es colectivo y coral.

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