la cultura para una ciudad descreída

La gestión pública de la cultura en las ciudades (ese invento que dicen maravilloso para nuestra civilización, no sé) puede que este necesitada de cambio. Quito el puede. Sobre todo aquella que ha hecho sangre con la “marca” (de ciudad o de partido), que se ha sometido a ella y por ella ha aniquilado. Pero llegó el capital “y mandó parar”. El mismo que mandó arrancar. Así, a traición incluso para sus fieles. Siempre pasa con los credos.

Pero todo va mucho más allá de esa miserable dependencia del capital para justificar banalidades. Los hábitos son nómadas, multicriterio, transferibles, renovables y ajustables. Y esa oferta ya no puede tampoco con éstas nuevas prácticas. La participación no es de masas y las plataformas múltiples son las que van a alimentar los canales de uso y construcción pública de la cultura. Surge una ciudadanía que no necesita aceptar lo que se le concede. Sí, concede, con esa actitud de generosidad altiva.

Y no solo por la presencialidad, por la calle y porque la piel cambia, sino también porque esos hábitos se hibridan con el medio digital y la producción/consumo se fractaliza, se aborda desde una mirada sistémica y sin complejos. Y cómo no, por cansancio y por desconfianza.

Los números ya no mandan, ni para contar euros ni para contar asistentes. Es absurdo contar para valorar. La cultura macro desaparece como deberán desaparecer quienes nos la han traído. Es posible que lo necesario sea contaminar narraciones múltiples, construir relatos que arrimen (que luego ya vendrá la articulación y todas esas “estrategias”), que añadan… y sobre todo, que se apeen del discurso y la pompa.

La cultura desnuda (y más allá, la gestión pública local desnuda). Esa que ya no tiene que engalanarse para embaucar a nadie. Esa que se da por supuesta sin que venga nadie a salvarla. Algo así como el sentido común colectivo. La cultura sin celebridades, sin políticas que requieran del aplauso. Una cultura para una ciudad descreída. Que se recrea con la maravilla de lo complejo. Algo así como la cultura a pesar de su cultura.

Ocupar los espacios contiguos y abandonar las portadas.

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