24×7

Les prometo que cada vez entiendo menos cosas. No entiendo nada, más bien. 24×7, ese es el nuevo modelo de gestión que parece extenderse por esos viveros o espacios de coworking, hay que estar al día, que van proliferando al calor de las instituciones públicas, locales o no. Pero en fin, me centro en las locales, ya tenemos bastante. Espacios 24×7 pensados para que los emprendedores, esas personas que antes eran trabajadores por cuenta propia y que han transmutado a una realidad paralela llena de purpurina, no pierdan ni un segundo: “innovación y creación de riqueza non-stop”. Ese es el lema. Otro escalón. Cada vez más altos.

¿Estoy en contra de que la gente trabaje? ¿Estoy en contra de que se apoye a quien desea trabajar? Esos son algunos de los reproches cuando cuestiono. Esos y los que tienen que ver con pertenecer a una izquierda radical y trasnochada. Las nuevas sociedades, parece ser, son aquellas que solo pueden edulcorarse mínimamente sin pretender nada más que mitigar el amargor. No hay otra mirada que la del capitalismo en sus diferentes modalidades.

En otras palabras: el modelo extractivista de siempre, esta vez vestido de modernidad. Consiguiendo que el tiempo de producción se amplíe hasta el máximo y se haga con orgullo, con la seguridad de pertenecer a ese grupo de elegidos que no pierde ni un minuto. Que lo hace con pasión. Que lo celebra con el misticismo propio de una religión potente.

En este marco las propuestas de las instituciones públicas son, evidentemente, obedientes. Genial. Sin audacia, ¿para qué? Pero, eso sí, todo se pinta de innovación. El coaching y todos esos ritos de iniciación que parece, transmutan a la persona que los participa.

Y así vamos creando dependencia y tributos. Vamos configurando una sociedad que se mira en ese modelo. Una sociedad que se convierte en disponible. Y todo se hace desde la gloria de la administración pública y atendiendo a las nuevas necesidades. La osadía ha muerto, sólo queda el servicio al mercado. La izquierda de siglas modernas se entiende muy bien con las audacias del capitalismo (ah, vale, que ahí también patino, que ya no hay izquierda…)

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