terapia, tautología y bricolaje

[#1]        Cuando las aspiraciones individuales son dirigidas desde los aparatos del poder se produce una acción que raya con lo autocrático. Las necesidades y las referencias se inculcan y las aspiraciones de los individuos se dirigen según los intereses de la autoridad. La disfunción entre la esfera pública y la privada se hace más patente y se genera apariencia de elección individual. La clase dominante establece un discurso que determina los modelos tanto en economía como en cualquier ámbito de la realidad social.

[#2]        Hoy el individuo es un sujeto más del mercado, esta obligado a probarse, a ponerse marca y a salir a venderse. Una mercancía más y como tal se considera. Si no estás en el mercado, no existes. Si eres un buen producto eres también un buen ciudadano, se te considera, estás dentro del sistema y como tal merecedor de respeto. Como mano de obra tienes un valor, como producto ese valor crece hasta ser considerado como uno de los mejores logros de la civilización actual.

[#3]        Es una operación a todas luces asfixiante en cuanto que el individuo opera a partir de una manipulación de sentimientos y de una enorme limitación de opciones. Ya no existe, no existirá parece que nos quieren decir, una estructura que permita la inclusión laboral de los ciudadanos, estos deben ser los que deben procurarse el trabajo en un medio en el que los sistemas de producción y distribución se tornan incompatibles con la capacidad de elección. No existen alternativas compensatorias y la entrada en el mercado se realiza desde la obligación individual, es decir, se suprime la capacidad de organización y movilización que supone una estructura laboral centrada y generada a partir de los intereses de clase. El hecho brutal es que el individuo-trabajador esta aislado y sin una referencia colectiva que le permita ejercer presión alguna sobre un sistema que tiende a explotarle.

[#4]        Escoger no siempre supone libertad cuando la oferta está limitada y  estructurada según las referencias de un poder que lo organiza todo. Escoger es una auténtica mentira cuando no se permite sino la posibilidad de entrar en un trabajo cada vez menos humanizado o ponerte tú mismo en el mercado: emprender. Elegir amo no implica libertad. La sociedad libre no puede determinarse por la capacidad que se tiene de elegir el modelo de servidumbre.

[#5]        Todas las sociedades han funcionado desde los orígenes a partir de los mitos. El emprendimiento como concepto se sitúa hoy  como una “producción ideológica” que se manifiesta a través de colocar al individuo en una esfera de autoexplotación consentida y albada como la quintaesencia del desarrollo social: la racionalidad dominante como un referente absoluto que cuestiona otras posibilidades, otras alternativas. Que rompe con el trabajo como derecho. La realidad unidimensional alcanza como no la esfera individual, el emprendimiento es un dictado que se autovalida por repetición. Tautología.

[#6]        El servicio público en este sistema acaba convirtiéndose en algo que perjudica al beneficio privado. La campaña del emprendimiento neoliberal se complementa con otra de desprestigio hacia el trabajo público, hacia el funcionario. La dicotomía no se establece entre el amo y el trabajador sino entre los mismos trabajadores, sobre todo si tenemos en cuenta que el discurso va en la línea de desvincular al emprendedor de la clase trabajadora e incorporarlo, por arte de magia, a la élite. En consecuencia una vez más el enfrentamiento entre iguales determina el refuerzo del poder y la desestructuración de la lucha. No digamos nada cuando hoy esta palabra parece superada y a la modernidad le parece algo trasnochado. El éxito esta asegurado mediante la aniquilación total de la conciencia de clase.

[#7]        La subversión en los modelos de organización del trabajo no radica en la externalización de las responsabilidades (el individuo se tiene que hacer cargo de sus propios derechos) sino en la reorganización de los excedentes y la redistribución de los beneficios y el tiempo (por qué nadie habla del tiempo como materia distributiva). Porque este tiempo sigue siendo un mecanismo de dominación ya que a través del emprendedor se extiende más allá de la jornada laboral “normalizada”. Al mercado no le interesa tu tiempo más allá de lo que significa como tiempo de consumo. Si no es para ello, el poder se siente más tranquilo si no se tiene tiempo, si todo se usa para un embrutecimiento y una narcolepsia orgullosa.

[#8]        El trabajo como fin y como medio son cuestiones altamente distintas. No se da esta reflexión en un sistema que busca la operatividad infinita, la excelencia de la eficiencia sin fin. Aquella idealización de la vida en la que el trabajo se iría reduciendo para alcanzar un ocio transformador, civilizatorio, cada vez esta más lejos. Es la base ideología que se ha revertido y se ha conseguido que ese reparto del tiempo no sea ni siquiera considerado, para ello muy eficaz es la santificación del emprendimiento y nadie va a ser capaz de convencer a los emprendedores de que gran parte de ese discurso es una campaña nociva. El trabajador esta enajenado de su condición desde la misma esencia del discurso. Ello le hace  participe ficticio de una clase a la que no pertenece a la vez que suprime los valores de aquélla de la que se retrae.

[#9]        De la industrialización al emprendimiento las nuevas formas de control del capitalismo ofrecen su capacidad de adaptación conforme las sociedades avanzan. Si en la Era industrial los autónomos, los pequeños empresarios, los pequeños comerciantes tenían una función evidente de complemento y de servicio hoy la ideología del emprendedor le pone directamente al servicio del capital sustituyendo la ideología industrial por la personal. Las relaciones de producción son destruidas y las leyes económicas tienen un nuevo referente que suprime al “intermediario”, que desparece para generar una nueva categoría de autoreferencia. Los impulsos “subversivos” se neutralizan porque nada incita a ir contra la propia clase. El discurso es perfecto cuando la explotación diferida se internaliza hasta tal modo. El capitalismo ya no necesita ningún intermediario para sublimar los rendimientos del trabajador ya que es él mismo quien lo hace como una pieza del engranaje. El capitalista ha sido exonerado de su responsabilidad y ya ni siquiera de le exige invertir. El emprendedor, venga de donde venga, es, mediante el discurso de autonomía, el que tiene la responsabilidad. Hoy ya no se tiene la idea de que el que no trabaja es porque no busca, sino porque no emprende.

[#10]     La capacidad para manipular los esfuerzos mantiene a raya la imaginación subversiva y capacita a los dirigentes para garantizar una servidumbre cómoda. La civilización industrial se transforma y genera una individualización industrializada, el trabajador ya no es el trabajador, es el jefe de uno mismo (no he encontrado un alucinógeno de mayor eficacia) y el capitalismo clásico se convierte en una dimensión biopolítica, bioeconómica. Ya no se presta el cuerpo, la fuerza del trabajo, a la causa económica, uno mismo se entrega sin fisuras y el ser humano es incorporado de pleno a una maquinaria que excede la misma producción. La explotación supera el estatu y también, auque venga del todo difuminado, el control sobre los explotados. Cuando siempre se dijo que la peor censura es la autocensura, podemos aplicar el mismo principio y convenir que la peor explotación es la autoexplotación. Viene del convencimiento de la excelencia del modelo.

[#11]     Una explotación sibilina en la que entran en juego circunstancias como las que llevan a lo siguiente: si en los entornos empresariales-industriales, digamos clásicos, se había conseguido una cierta equidad contractual entre los tiempos dedicados a la empresa y las remuneraciones percibidas aquí esto se pierde de lleno. Existe una perversa relación entre la “imposibilidad” de decir no y la ausencia de sensibilidad por parte del contratante o del comprador que exige sin medida. La maniobra es perfecta y la sumisión social completa. Nada más perfecto una vez más para la conciencia del capitalismo.

[#12]     La autonomía del trabajador cada vez está más constreñida. Si en la industrialización el trabajo estaba de algún modo medido y recompensado ahora esa medición de tiempo y recompensa se pierde, el juego es otro y la tendencia es a la magnificación absoluta del tiempo dedicado. Todo modifica la conciencia. Una dependencia sublimada determinada no por la obediencia sino por la reducción de la persona a un estado de instrumento.

[#13]     Siendo que la acumulación de beneficios descansa ahora sobre la deslocalización industrial y la financiarización de la vida, no es necesaria una mano de obra al uso, hoy el catalizador de las sociedades contemporáneas, el regulador social es la misma canalización del trabajo mediante el autoempleo. Evidentemente es una acción tremendamente eficaz (tampoco se puede convencer a un trabajador de la industrial armamentística que su trabajo genera muerte). El trabajador ha sido concebido para existir como existe, no para pensar sobre el modelo y cómo cambiarlo. El trabajador esta concebido para estar contento con su estatus y el emprendedor es una extensión del antiguo trabajador, también esta concebido para estar contento, ha sido precocinado a fuego lento para admitir de buen grado su integración en una estructura que actúa como alucinógeno, un espejismo que impide ver otra realidad, que impide salir de la programación a la que se ha sometido la sociedad. Todo muy racional, muy eficaz. El modelo emprendedor suprime la resistencia a partir de un espejismo de control.

[#14]     Apenas hemos comenzado. El modelo está sometido a un engranaje de perpetum mobile sobre el que no se puede ejercer ningún control una vez que se ha puesto en marcha. La maquinaria no se controla, no se puede ejercer control sobre el modelo, existe una internalización absoluta  a través de la gratificación mental. La vida sigue administrada desde una visión positivista que se complementa con el elogio del sufrimiento, algo muy propio de las religiones monoteístas. El mito del emprendedor puede que no sea más que eso y en esas aguas se pierden quienes lejos de pretender pertenecer a esa categoría lo único que buscan es una proyección de sus ilusiones.

[#15]     El control del tiempo como control social. La transcendencia del tiempo libre que no hay que confundir con el tiempo de ocio. No tengo tampoco que preocuparme sobre lo que tengo que hacer con él, ya tengo una conducta preconcebida, prevista por la tecnocracia, la totalidad sobre el individuo. Así como la religión mantiene el control sobre el comportamiento moral del individuo el mito del emprendedor permite un control estructural que completa lo anterior: el individuo administrado. La contención del cambio social.  La contención del espectro de las libertades individuales, modelos de subordinación, la totalidad absorbe la particularidad.

[#16]     Los individuos, debidamente estimulados, asumen cualquier modelo concebido para que las estructuras parezcan modificarse: incluso lo más incoherente parece razonable cuando esta debidamente inoculado. Llevamos mucho tiempo escuchando el mantra, mucho tiempo sumergidos en la necesidad de que cada cual tomemos las riendas. Es inútil alegar nada en contra cuando la maquinaria de los poderes se pone en marcha. La aceptación colectiva es patente y muy difícil de contrarrestar. Cualquier análisis crítico es tomado como una afrenta personal si sospecha del sistema que parece inapelable. Bajo este sistema cualquier planteamiento en contra se vuelve una afrenta colectiva. El pensamiento reglamentado no permite incidencias. La aceptación ciega es tal, que no puede existir ninguna contestación posible.

[#17]     Una alineación mediatizada, transcendente, de alto nivel de efectividad. El nuevo totalitarismo se manifiesta precisamente es ese aparente pluralismo, en esa aparente toma de nuestras propias riendas. En esa aparente armonización en el que el sistema diluye toda responsabilidad y lanza al individuo a un proceso sin retorno.  La transgresión a partir de la autonomía se ha anulado, desaparece entre el magma de la dedicación exclusiva y de los eternos retornos para reforzar el estatus de auto sometimiento. La dominación adquiere una estética nunca conocida.

[#18]     El discurso del emprendimiento traspasa pues los limites de la economía y el autoempleo y se convierte en el engranaje de una maquinaria cultural que convierte a la sociedad en un modelo determinado de conexiones, relaciones y comportamientos. Eso es evidentemente cultura más allá de sus productos tradicionales. La forma de ser de una sociedad. Obviamente todo contribuye a la transformación de los símbolos, de las ideas y los comportamientos de las sociedades y eso puede ser considerado una auténtica gestión cultural. Todo este discurso produce una determinada conciencia social, genera un modelo determinado de entender la realidad, de generar relaciones… ¿no es esto una auténtica gestión de la cultura? La sociedad termina por reducir sus necesidades a las de subsistencia y lo hace de un modo asumido e incondicional comprendiendo que eso no es sino lo único que puede hacerse. Una vez más, ¿eso no es cultura? Mientras el discurso de la cultura se reduce al consumo más o menos industrial de sus productos, se esta generando y regenerando un verdadero entramado bien controlado y dirigido. Una construcción así no es accidental, el discurso nunca se genera desde la accidentalidad. Un modelo de sociedad se esta construyendo y la macroeconomía esta gestionando la cultura mientras a sus “gestores tradicionales” se les va entreteniendo con la administración de diferentes espectáculos, la industria cultural asume las riendas y las administraciones dedican su tiempo y recursos a eventización de sus ciudades. El efecto es hipnótico y muy eficaz.

[#19]     La ilusión siempre ha sido una fuente inagotable para el capitalismo, una extraordinaria fuente de explotación. El deseo de realización personal es también una ilusión y ahora se convierte en la sublimación a través del autoempleo. La necesidad de combinar esta ilusión con la necesidad económica (que no de empleo, no siempre es lo mismo) es una combinación perfecta que la maquinaria tecnopolítica aprovecha en sus discursos. La conexión económica y política es perfecta. Este instinto de progreso personal esta aprovechado al máximo. El resultado es una verdadera atrofia para comprender y recrear otras alternativas. Todo esta conducido y el individuo asume el papel de un modo que garantiza la supervivencia del discurso.

[#20]     Así es como el emprendedor de manual se ha convertido en un símbolo, en el símbolo del buen ciudadano que participa, con su sacrificio, en la regeneración de una humanidad que, nos dicen, se acostumbró al bienestar y, junto a la plaga parasitaria de los funcionarios, destrozó cualquier posibilidad de progreso coherente. Los estrategas han conseguido una gran victoria a través de la autoinmolación. La felicidad en la que habíamos caído se ha roto ante la creencia de que eso no podía seguir así.

[#21]     La eficacia, la excelencia y la productividad completan el discurso de las mediocres mentes que dirigen los consejos de administración, los parlamentos, los municipios… Los banqueros pasan a ser los nuevos sacerdotes y las estructuras políticas se encargan de amplificar sus designios Todo muy del gusto de la simpleza intelectual y la grosera arrogancia de una derecha cada vez más infiltrada en la estructura de los partidos, cualquiera de ellos. El pensamiento crítico y la aquiescencia crecen arropadas por la necesidad de someterse para adquirir lo necesario. Los medios de comunicación de masas sirven bien a los amos y el pensamiento horizontal se multiplica: solo hay una salida. La imitación multiplica el ritual y cualquier persona emprende, cualquier persona es una empresa potencial. La magia y el ritual cumplen sus funciones. Todo repetido y repetido produce un efecto extraordinario de ideología en construcción. Y no podemos olvidar que el mito, la fe, es inmune a la contradicción, a la crítica, y el lenguaje se utiliza desde sus más profundas raíces para disfrazar cualquier barbaridad. La aceptación general de una mentira y la supresión de la critica es algo que no nos debe sorprender, estamos entrenados para ello.

[#22]     El emprendimiento, dentro de este sistema de lenguaje maquillaje y de oxímoron generativo, es la última esencia de un modelo en el que la función social desaparece en un claro impulso extremo del individualismo. La comercialización de todas las esferas de la vida nos incluye también a nosotros. Se convierte el emprendedor en una pieza sustancial del sermón. El econoteismo tiene también sus fieles y sus mártires (los sacerdotes se encargan del ritual y las prédicas). “Emprender es una actitud”, esa es la oración, simple pero eficaz, el ora pro nobis que multiplica la parroquia. Intimidación y glorificación. Una letanía  más evocativa que propositiva

[#23]     Desde que el posmodernismo dictó el fin de las ideologías e impulsó una sociedad acrítica en la que el éxito es la fantasía de una sociedad sin clases, el pensamiento neoliberal ha tomado con fuerza la primera línea y la sociedad parece diluirse sin posibilidad de generar ningún desafío sólido. Todos los “expertos” convertidos en capataces se han puesto al servicio de la ortodoxia y son más radicales, más salvajes que sus propios amos en estos nuevos campos de algodón.

[#24]     A favor de esta sociedad están las imágenes, los espejismos del emprendimiento, una realidad que no permite desviaciones, una burla inadmisible que sostienen bien todos esos gurúes que predican con ahínco sobre la fatalidad de perder la vida “trabajando para otros” (no digo nada de lo que se opina de aquellos que deseamos trabajar en el ámbito público). Pero la realidad es terca y no se corresponde con la apología del emprendimiento, un discurso que no deja de ser una retórica de taberna, una fábula con referencias obsesivas, un cuento con argumentos que siguen enfrentando a la hormiga con la cigarra, herencias de un ideario frailuno que produce el cansancio de los lugares comunes y los modelos cercanos a la autoayuda de los profetas.

[#25]     Decía Marx (veo ya erizar de cabellos pero no se apuren) que los hechos aparecen en la historia dos.veces, una como tragedia, otra como farsa. No sé si esto pasa con el trabajo: la tragedia del paro y la farsa del emprendimiento. La necesidad del trabajo como tragedia y la función de emprender como farsa autoproclamada. Se crea una imagen que impide la diferenciación de estas dos cuestiones: trabajo y emprendimiento. Simple: si el trabajo es un derecho la culpa de no tenerlo no puede recaer en el individuo. Este discurso es eficaz y genera una tendencia a la autoinculpación y la simplificación totalitaria. Una vez más la responsabilidad de los estados derivada a los individuos, el dejacionismo institucional. La crueldad es que no existen voces críticas y se asume desde las máximas instancias, se amplifica el discurso. Se niega otro modelo de pensamiento y se facilita la digestión social, auténticos inhibidores que contrarrestan la acidez intelectual. El pensamiento unificado tranquiliza porque es acrítico, transforma lo falso en verdadero, es radicalmente funcional, facilita la total coordinación del individuo con el entorno social, liquida los elementos perturbadores y te proporciona la seguridad de pertenecer a un todo: el carácter acomodaticio como formula de seguridad que traduce los conceptos universales en verdades particulares. La necesidad individual se convierte en una responsabilidad general. La transitividad se desmorona y la responsabilidad pasa de una mano a otra. La  victima (el parado) pasa a convertirse en culpable y por tanto obligada a purgar, a arrepentirse, a procurarse ella misma su trabajo. Y eso que siempre ha sido una tendencia natural de determinadas personas (siempre ha habido quienes ha decidido montarse su panadería, su carpintería, su consulta médica…) ha pasado a ser una “actitud”, a asumirse como una responsabilidad individual para salvar el mundo Un empirismo ideológico que reforma los valores y traspasa las responsabilidades al individuo.

[#26]     Algo construido simple y llanamente sobre tautologías, sobre esas lógicas que resultan ser verdad desde cualquier interpretación, construidas sobre afirmaciones que no se refutan porque son tomadas como la esencia, en nuestro caso la esencia del progreso, y que considerarlas de otro modo nos darían resultados discordantes. Una tabla de la verdad que se ha impregnado en el código simbólico de una ciudadanía lanzada a interpretar como correcto todo lo que emite la “intelligentsia”

[#27]     Surgen también los conceptos terapéuticos que aíslan los hechos y estabilizan y favorecen la aceptación, que ayudan a soportar los niveles de alineación contemporánea y la esencia dominadora del capitalismo postindustrial. El emprendimiento como discurso que mejora la autoestima del que lo practica y va un paso más allá en la interacción entre la economía, la política y la sociedad a la vez que neutraliza el concepto de trabajador y suprime las organizaciones que le protegen. Las formas rituales del conservadurismo, del neoliberalismo que nos invade. En todo caso nada nuevo, la atadura absoluta de la humanidad al aparato productivo y la autoridad. Aunque no creas actúas de acuerdo a lo que te inyecta el discurso a través del no hay alternativas, de la necesidad de sacrificio… el lenguaje de la política al servicio de los símbolos de los negocios: la subordinación que no admite controversias.

[#28]     Y todo acaba en una especie de bricolaje intelectual que ofrece soluciones personalizadas para conseguir apariencia mediante una buena mano de pintura, ocultar las goteras con el único fin de no actuar sobre la verdadera necesidad de un cambio estructural amplio. Poner los parches que vayan entreteniendo sin llegar a romper esas barreras que alcancen una verdadera emancipación, que marquen una verdadera actualización de los modelos socioeconómicos. El emprendimiento y sus teorías no dejan de ser otro estrato más de un capitalismo sin fondo, de una estructura mental y comportamental que perpetúa la dominación. Un bricolaje que facilita la instrumentalización del pensamiento, añade la creación de realidades ficticias y provoca que las necesidades reales se vean ocultadas y mermadas con una eficacia espeluznante. El universo instrumentalista, la instrumentalización de la humanidad, de la vida cotidiana, del tiempo debido.

[#29]     Los conceptos que glorifican siempre descansan sobre la dogmatización, sobre un empirismo total que necesita de la aquiescencia sine qua non, que requiere del pensamiento positivo como garantía de felicidad, como único camino para un conformismo ideológico profiláctico en contra de la especulación constructiva de las utopías. La buena onda del emprendimiento.

[#30]     Las fuerzas de la naturaleza están suficientemente domesticadas (o eso creemos desde una arrogancia ridícula). La domesticación humana parece haberse ido de las manos. Es necesario recuperarla y apremia el vasallaje, ampliar cortesanos. Hoy pertenecer al sistema de los emprendedores da fuerza, te permite sentirte integrado, formar parte de esa comunidad que va a salvar la humanidad. La tecnología ha apartado a la máquina sólo en apariencia porque la máquina es más que nunca el ser humano y no olvidemos tampoco que la máquina siempre ha sido un medio. La inagotable mecánica del progreso esta impregnada de contenido político y desde la política se refuerza el discurso. El sometimiento es, como poco el mismo, el discurso reordenado parece cambiar el universo.

[#31]     La filosofía actual del emprendimiento puede que vaya más allá del discurso implantado por las grandes empresas y entidades financieras: de una manera radical suspende el pensamiento crítico y anula cualquier juicio sobre la incuestionable e incontestable realidad que nos presentan. Los trabajadores, aunque se llamen emprendedores, no dejan nunca de cumplir ese papel de intermediarios de conveniencia para los intereses del poder y del capital (no sé por qué lo separo). Paradójicamente la libertad se sirve en esta bandeja. La razón ortodoxa se convierte en práctica social.

[#32]     En todo caso,  no dejes de ser consciente.

Anuncios

Un comentario en “terapia, tautología y bricolaje

  1. […] Y, aclaro de nuevo, en punto y aparte y párrafo propio para no dejar dudas, que mi crítica hacia estos tres ámbitos no es la crítica del “hecho” sino la del “ser”. La propia ontología. La critica a partir de la reflexión sobre el entramado sociocultural que se genera desde y a través de una normalización  presentada como rebelión, una especie de manual de instrucciones para la transformación que te señala el mapa hacia una nueva sociedad más libre, transgresora y solidaria. Pero no se trata sino de la generación de un comportamiento asumido por la práctica totalidad de la sociedad como lo sensato, lo que hay que hacer, lo que toca… la subversión normalizada y administrada. […]

    Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s