el derecho que no se sostiene

Sigo estando confundido, cada día más, demasiado a menudo, cada paso que doy creo caer en mayores conflictos. Cada vez me producen más grima las grandes frases, incluso el entusiasmo ese que destila desde las fuentes del pensamiento positivo. En este lote de delirios, no puedo con el derecho a la cultura, me da toda la sensación de que tal afirmación es una falacia. Algo que no tiene ningún fundamento, algo que se dice para rellenar pensamientos en blanco. Y lo es desde dos perspectivas. Una: si por cultura se entiende, como parece que que marca la tendencia, el consumo de determinados productos relacionados con el arte, la música, la literatura, el cine… tenemos dos grandes contradicciones: (1) el derecho a ese consumo no se sostiene cuando (a) el propio sistema no puede garantizar una renta mínima -empleo para todos- para la adquisición de consumibles que garanticen la supervivencia física  (b) ese sistema pervertido reduce la “vida útil” de las personas a su relación con el trabajo hasta la extenuación para conseguir esa supervivencia; desde este escenario, ese derecho queda relegado a una cada vez más reducida parte de la población, es decir, a aquellos pocos que tienen algún remantente tanto en capital como en tiempo. Y otra contracicción (2) cuando ese consumo esta orientado hacia el beneficio de quien produce y/o regido por un diseño social que prioriza el rendimiento, sólo consumiremos aquello que nos sea dado desde estas dos variables, es decir, consumiremos aquello que pueda enriquecer y/o mantener en el poder a los de siempre (industria cultural/administración cultural). Eso sí, siempre existirán organizaciones fuera de la empresa y fuera de la administración pública que posbiliten cierta cobertura fuera del ánimo de lucro económico o político. Y ya estamos, allá donde el Estado abandona, la colectividad tiene que hacerse cargo.

Segunda perspectiva: si por cultura entendemos todo lo desarrollado por el ser humano, así como sus valores, creencias, aparatajes… el reclamar el derecho a ésto no es una falacia sino una estupidez sin más. No hay nada que añadir. Entra de lleno dentro de los propios derechos humanos.

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