subcontratas

La realidad es que estamos en manos, con una alternancia supongo calculada, del brazo político del capital. Uno mas sindicalizado que el otro, si cabe decirlo así, y con una cierta sensibilidad hacia cuestiones sociales superobvias, poco comprometidas, fáciles. Nada más. No existe una mayor diferencia entre ellos. Ni otro interés que la rentabilidad corporativa. Si hay beneficio social no es nada que no tenga relación con obligaciones o formalidades contractuales y, por tanto, réditos incómodos que hay que pagar inevitablemente: efectos colaterales, en definitiva, que con mayor cuidado pueden reducirse. Nada nuevo dentro de la empresa capitalista. Se diría que los partidos políticos en el poder son subcontratas para realizar el trabajo de manobrero (ya saben, limpiar los brazales de las acequias, ni siquiera las acequias mismas) además de aquellas faenas menos finas. En estas subcontratas, como en todas, el trabajador/afiliado o el becario/simpatizante no son sino piezas sustituibles de una herramienta al servicio de la cúpula. En definitiva sólo hay dos principios en este entorno de depredadores: el beneficio absoluto para la propiedad, el beneficio máximo para el accionariado. Y una regla que se asume: cualquiera puede acabar en el estómago del otro.

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