la sociedad del rendimiento

El capitalismo ha logrado su máximo nivel de perversión. Ahora ya no se ejecutan ordenes externas, la sociedad disciplinara de Foucault ha desaparecido, según sostiene Byung-Chul Han. Estamos en las sociedad del rendimiento. Más bien me parece que la sociedad disciplinaria se ha perfeccionado y ha aumentado su fuerza, ha incorporado mecanismos sutiles que la convierten en un modelo depravado. La fuerza coactiva ya no se ejerce fuera-dentro sino dentro-dentro. El inconsciente individual y social es el de la aquiescencia a la economía del si mismo. El animal laborans (ni siquiera el homus economicus) como máximo exponente del desarrollo humano sin un horizonte que no sea el del éxito.

El capitalismo ha externalizado en los propios individuos el control que antes ejercía desde las corporaciones. Y con ello ha introducido el fracaso como enfermedad social por excelencia, aquello de lo que todo individuo quiere huir, esa peste contemporánea que te aleja y aísla. Un gran logro que se consigue desde el emprendedor infinito. El engaño del volverse a levantar, la trampa de un pensamiento positivo ,como nos diría Barbara Ehrenreich, que nos envuelve en una tiranía de la resignación encubierta. Genial estrategia.

El engaño, el verdadero éxito del capital, es esa libertad pretendida, una libertad que no es otra cosa que la sensación de bienestar mórfico de la coacción propia, autoinfligida. Y con este engaño el orgullo del estrés como signo de éxito. El movimiento perpetuo necesario, la agitación como valor absoluto. Por supuesto la contemplación, la capacidad de contemplación ha muerto y quien la practica es digno de sospecha. El sosiego genera la conciencia y eso no es conveniente. No parece necesario un estado de creación tranquila sino a una hiperactividad extrema que garantiza la reproducción de lo existente. Como mucho las versiones sobre un mismo tema, una especie de jazz que garantiza el espejismo de independencia. El resultado no puede ser más espeluznante abandonando cualquiera de nuestras acciones al sistema depredatorio de la economía capitalista.

Y así confundimos la acción con el trabajo, la persona activa con el animal laborans. Como confundimos la reflexión con el cálculo, la inteligencia con la astucia. La tiranía del éxito, del rendimiento, se ha extendido y se ha convertido en la única actitud posible y digna. El orgullo de no tener tiempo para nada es la referencia. Consumirse con el trabajo por cuenta propia es un orgullo. La hiperactividad concede prestigio. La obligación del éxito.

Está claro que nada puede con esta huida hacia adelante. Nada puede humanizarse con esta incapacidad para detenerse, con esta histeria de producción, cuando la serenidad no existe. Para ello el poder del capital ha creado la conjunción perfecta, la división de la sociedad en dos categorías tremendamente útiles: los parados y los emprendedores. Ninguno de los dos tienen capacidad para la contemplación. La dominación perfecta.

Si la sociedad disciplinaria ha dado paso a la sociedad del rendimiento la posibilidad de reacción esta absolutamente anulada. Yo me puedo enfrentar contra un extraño que me oprime pero cuando soy yo mismo el que aplica la presión, la salida es más complicada: a quién debo obediencia. El oponente ha desaparecido.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s