genuflexión

El sometimiento que produce el miedo y la ignorancia, la sumisión secular al dios y al amo, están instalados en estos pueblos como una especie de totalitarismo interno: el cargo público es sagrado y por mucho que sangre a una ciudadanía cada vez más narcotizada, nada hay que rompa y les rompa. La genuflexión ciudadana ante las jerarquías en este país ha sido tallada a golpe de fusil y crucifijo y cualquiera que tiene una cuerda con siete puntas o da la comunión es el amo. La iglesia, la banca, el estado… pero también los presidentes de escalera o un gorrillas que pasaba por ahí, cualquiera puede convertirse en un ser superior y caudillo, es esa la doble cara del esclavo, siempre hay alguien debajo.

Por eso alcanzar un cargo político es, posiblemente, una de las mejores salidas para cualquier incapaz con pretensiones (cuánto peno no obstante por esas personas que de verdad acceden con intención de servicio público, que las hay, doy fe; aunque ellas también debieran formar parte, quizá con más fuerza, de esa estrategia de derribo del impostor). Un buen espacio es ese de la política para promover e incorporar la resonancia y el valor que en ningún lugar, en ningún otro lugar de la sociedad podrían tener. La política, no solo de los grandes partidos sino también esos meso o micro con ínfulas (no hablemos de las corporaciones locales porque no tenemos hueco para tanto disparate ni en el cerebro), esta señalada por la presencia de personajes miserables y ambiciosos (para mi la ambición nunca ha sido una virtud) que de ningún modo podrían sobresalir ni en la comunidad de propietarios de su edificio. Ni talla intelectual ni personal (ni humana en demasiados casos, cada vez estoy más convencido de la maldad que arrastran) podría llevarlos a ningún otro olimpo que el del sillón que han usurpado. Evidentemente las patologías tienen su síntoma: autoritarismo y desprecio son las más señaladas. Útiles en todo caso para alcanzar un respeto que desde ninguna otra posición podrían conseguir. La náusea, sin embargo, se agudiza cuando se observa la actitud de sus palmeros. ¿Acaso forma parte de la despreciable futbolización de las sociedades?: defensa cerrada de “los colores”, una especie de paranoia colectiva que impide la reflexión y empuja a verlo todo en blanco y negro, sin matices, sin crítica, el seguimiento ciego, la identificación en masa con un enemigo común, la infantilización permanente, la glorificación del vacío, la ausencia de responsabilidad propia (el arbitro siempre está comprado)…

No pensamos por si acaso, no opinamos por si acaso, no votamos más allá por si acaso… Y mientras, la rancia estirpe de la españa de bien, defendida a sangre por sus vasallos, sigue dominando bajo palio un territorio reservado, un coto cerrado para una eterna caza del débil

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s