la clase obrera ha muerto definitivamente. alegraos y regocijaos.

Quizá alguien se sorprenda por mi obsesión pero, lo siento, me ocurre con todos los dogmas de fe. No puedo evitarlo.

La ideología del emprendimiento es un extraordinario juego estratégico del capital (aunque, por su disfraz y buenismo, algunos crean que esto no es capitalismo del más puro), un juego semántico que abandona al individuo a su suerte (¿no es ideología neoliberal y darwinista?). Otra de sus grandes mentiras, otro dogma que invita a marginar, a mirar de soslayo a quien no lo practica, a quien no comulga. Ya no existe la clase obrera! El milagro se ha producido! El trabajador ha dejado de existir con lo que el paro también lo hará pronto (de verdad: ¡van a acabar con el paro!) porque no será un problema social sino individual en el que ni gobiernos ni empresas tendrán responsabilidad alguna; tan solo quien no se ha formado lo suficiente, quien no esta motivado lo suficiente, quien no admite suficientes riesgos… será responsable de su ruina (imaginen lo que piensan de personas como yo: funcionarios). Tampoco quien no tenga la suficiente “voluntad de entrega” podrá incorporarse (eso sí tomando bajo su responsabilidad cualquier impuesto o seguridades varias) a las exigencias de las empresas y el mercado (como si este señor mercado no tuviera cara ni cuello para anudar una buena corbata).

La doctrina se ha difundido desde una narrativa tal, que se ha blindado a la crítica viendo en quien la cuestiona a un cenizo trasnochado y tendente a patologías marxistas (como poco), enemigo del esfuerzo y de la ilusión, agoreros que impiden y obstaculizan este modelo tan cool (es que siempre hay que poner algo en inglés para que te entiendan). Una narrativa de individualismo extremo que convierte a la persona en objeto de producción y de consumo. Cualquier otra variable que no sea el esfuerzo personal, el sacrificio, la purificación por el trabajo se diluye en una desenfrenada obsesión por el éxito; ni factores como la procedencia social, la oportunidad de formación, las circunstancias del mercado, las debilidades físicas o psíquicas… son contempladas, por supuesto, nada de lo humano les es propio.

En todo caso nunca habrá tanto nicho para predicadores con sus múltiples cursos, seminarios y predicas de autoayuda. Ese sí que está siendo una buena salida para espabilados.

No puedo dejar de ver el dogma del emprendimiento como un episodio más de la precariedad laboral y del abandono de los estados en manos del capital. Eso si, bien vestido de glamour.

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