la ciudad ha despertado “samsa”

Molesta, incómoda, inoportuna. Como Samsa, Gregorio Samsa, que despertó una mañana convertido en un gran insecto, inútil para los fines de su familia. Así parece que hemos despertado, inútiles para los fines del capital y de sus “comisarios políticos” como definió Saramago a los gobiernos. Como Samsa, parece que hemos vuelto de ese “sueño intranquilo”, esa paranoia de progreso, ese delirio de grandeza, ese esperpento en el que vivieron unos semidioses alucinados… Así ven la ciudad, como un gran samsa contemporáneo que ya no sirve, que ya no produce. Ni siquiera existe una mínima autocrítica, lo único que se manifiesta es el rechazo.

En alguna ocasión, esa ciudad samsa ha pasado por un estado impertinente de negación, el estado bartleby. A los menos antes, a algunos durante, a los más después de la gran fiebre del progreso, de la enloquecida actividad sin fin, se les “enflaquecieron los sueños”, se paralizó su energía y decidieron que “preferían no hacerlo”. No se sabe qué incomoda más al poder, no se sabe cuál de los dos personajes les hiere más de lleno. Siendo bartleby, la ciudad ni niega ni acepta, simplemente entra en una parálisis absoluta por pérdida de energías, pero se queda. Sigue ocupando el espacio. Entonces se desata la incomprensión, tampoco hay análisis, ni autocrítica, simplemente no se comprende cómo, con todos los sacrificios, el ciudadano no entiende la virtud paternal de sus gobernantes.

Todavía podríamos hablar de otro estado, si cabe, más molesto, el estado heisenberg (Walter White). Esa antesala del caos generador que se desata tras comprender que todo se acaba y sobrevives siendo siempre nadie. Quizá porque la ciudad no es tuya y te aparta, te desprecia. Quizá porque no te ves reflejado en ninguna de las propuestas políticas explícitas. Explosión. Aquí sí hay acción. Y, claro, se garantiza reacción. Aquí es necesaria la represión. Nada que decir tampoco de autocrítica, aquí se da por sentada la razón del fuerte, de las urnas, dicen.

Así, entre el rechazo, la incomprensión y la represión, entre samsa, bartleby y heinserberg, va generándose el asco hacia una nueva aristocracia transmutada. Cuando despiertas samsa, eres despreciado. Cuando despiertas bartleby vas a ser olvidado. Cuando despiertas heisenberg, estás perseguido.

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