nuevos nacionalismos con viejos mimbres

La trampa de la lengua y las costumbres, la trampa de la identidad para ajustar las emociones a los caprichos del capital. Para convertir los estados (grandes o pequeños, viejos o nuevos) en entidades capitalistas en torno al espejismo común del crecimiento. La clase dominante sigue poniendo a su servicio la pasión nacionalista, sigue usándola para proteger sus privilegios. Los nuevos ejércitos (además de ese pueblo dispuesto) ya no se gestionan en torno a la policía nacional, un espacio que aún así sirve muy bien para la canalización de la violencia, sino en torno a una clase media que inspira confianza, algo que refuerza esa función empresarial tan necesaria. Nos recuerda Fredy Perlman en su el persistente atractivo del nacionalismo que “…cuando la nación es liberada, el trabajo deja de ser una carga onerosa y se convierte en una obligación nacional para ser llevada con alegría.” A partir de aquí todo es posible, todo cobra sentido y ofrece algo concreto dentro de ese mar de incertidumbre.

La lengua y la religión (que hoy se convierte en mercado) siguen siendo los fundamentos de la nación. El uso del capital cultural como fuerza de choque, como materia prima. Continúa la ilusión óptica como aglutinante. Tiempo después y tras tanto conocimiento acumulado todo se repite. La propiedad nacional sigue estando concentrada. El consejo de administración se consolida a partir de las urnas y las sillas de dirección se trasladan al circo de los gobiernos. La nación (grande o pequeña, vieja o nueva, insisto) no deja de ser sino el nodo de explotación capitalista bien protegido por sus fuerzas del orden. Sin capital no hay poder, sin capital no hay nación y en torno a la trampa de la desposesión se siguen construyendo los nacionalismos: la desposesión cultural y la desposesión económica.

Sigo viendo una grave contradicción entre nación y libertad. Precisamente porque cualquier emoción se convierte en un bien para invertir. Y cualquier ser humano en tropa disponible. Y la opresión como el activo que moviliza. La liberación nacional vista como una ciencia. Algo propio de gente razonable. Luego surgen las colonias internas, aquellas que hay que vigilar para que no quieran ir mas allá. Pero eso es ya otra historia.

Pueden llamarlo como ustedes quieran pero el nacionalismo es otro producto del entramado capitalista, algo que, como el mismo capitalismo, sólo gira en torno al mantenimiento del poder y contrario a la cultura.

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