el genocidio de la esperanza

La mercantilización de las imágenes, la interpretación capitalista extrema tiene una referencia casi poética en la banalización de la belleza. La frivolización absoluta del capital hacia cualquier imagen o sentimiento. Los brotes verdes que han visto todos los gobiernos no son sino el paradigma de la vulgaridad que representan esas mentes.

El único brote es aquel eructo que emerge de las mismísimas entrañas del capital. El que surge de la explotación directa o indirecta. El que se refuerza desde lo que ellos mismos llaman crisis solo para dotarla de un dramatismo teatral que la haga digerible.

La acumulación de capital debe ser continua y estos paréntesis de alarma lo refuerzan. Las letanías y las despreciables jaculatorias tienen todo sus sentido para el refuerzo del poder.

El genocidio de la esperanza. Los dueños del capital siguen protegidos por los ejércitos. Unas veces en forma humana otras en forma de imagen. Y el genocidio ha sido la especialidad del poder. El pensamiento despojado y exterminado. La utopía exhibida como curiosidad infantil y caprichosa. Y toda la ilusión expropiada, todo el sufrimiento generado se transforma y se vende como razón preliminar para el crecimiento. El genocidio de la alegría sigue siendo imprescindible para alimentar al capital y los altares.

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